DEMO – Final Fantasy Resonance


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DEMO – Final Fantasy Resonance

Final Fantasy Resonance llega a PlayStation 5 con una demo que, más que funcionar como uno de esos adelantos breves diseñados para enseñar dos combates y cortar justo cuando empieza a ponerse interesante, entrega el primer capítulo completo y deja una impresión sorprendentemente clara de qué clase de Final Fantasy quiere ser. No es un remake tradicional ni tampoco una entrega numerada empeñada en perseguir la escala cinematográfica de los juegos modernos de la serie. Resonance vuelve deliberadamente hacia atrás, hacia los cristales, los mapamundis, los combates por comandos, los pueblos pequeños, los chocobos, las invocaciones y esa sensación de salir de una ciudad sin saber exactamente qué habrá al otro lado del bosque, pero lo hace utilizando una presentación HD-2D mucho más elaborada que un simple homenaje retro. El origen del proyecto está en el primer arco argumental de Final Fantasy Brave Exvius, aunque llamarlo una conversión del antiguo juego para móviles sería quedarse muy corto. Lancarse ha reconstruido esa historia como un RPG tradicional pensado para consola, sin la estructura de servicio que definía al original, y lo primero que llama la atención jugando esta demo en PS5 es lo natural que resulta todo. Rain y Lasswell parten como miembros de las fuerzas de Grandshelt para investigar el debilitamiento de la protección del Santuario de la Tierra, el encuentro con Veritas of the Dark rompe rápidamente la tranquilidad inicial y el juego empieza a poner sobre la mesa todos los ingredientes clásicos sin tratarlos como una broma nostálgica. Hay cristales porque los cristales importan en este mundo, hay un dirigible porque forma parte de la vida de estos personajes y aparecen nombres, criaturas y conceptos que cualquier veterano reconoce, pero Resonance no se pasa cada cinco minutos señalando hacia la cámara para recordarnos que estamos jugando Final Fantasy. Eso ayuda muchísimo. Lo que podría haberse convertido en un museo de referencias empieza a sentirse como una aventura propia, y la demo tiene suficiente duración para que esa primera impresión vaya más allá del impacto visual de los primeros veinte minutos.

La elección del HD-2D parecía inevitable después de Octopath Traveler, Triangle Strategy y las distintas reinterpretaciones que Square Enix ha construido alrededor de esta estética, pero Resonance utiliza la técnica con una energía distinta. No intenta que los sprites parezcan diminutos personajes colocados sobre dioramas bonitos, aquí hay mucho movimiento de cámara, cambios de perspectiva, primeros planos, animaciones específicas y escenas donde los modelos pixelados se desplazan dentro de espacios tridimensionales con una libertad que sorprende. Es probablemente lo más cerca que hemos estado de comprobar cómo habría evolucionado visualmente un Final Fantasy de Super Nintendo si la serie nunca hubiera abandonado el pixel art. Los personajes conservan siluetas y expresiones sencillas, pero la iluminación, la profundidad, el agua, las partículas y los cambios de enfoque consiguen que determinados escenarios tengan una presencia enorme sin perder ese aspecto de RPG clásico. En PS5 se ve especialmente limpio y la combinación funciona mejor en movimiento que en capturas, porque muchos de los detalles más atractivos están en la manera en que una escena pasa de la exploración normal a una composición más cinematográfica sin cambiar completamente de lenguaje visual. También ayuda que el juego no utilice el HD-2D únicamente para llenar cada habitación de efectos. Hay pueblos tranquilos, carreteras, interiores relativamente sencillos y áreas donde el pixel art puede respirar. Cuando llega una secuencia importante y la cámara comienza a moverse, el contraste tiene mucho más impacto. Incluso los combates aprovechan esa filosofía, con ataques que alteran el encuadre y animaciones de Resonance que entran con suficiente espectáculo como para sentirse especiales sin convertir cada encuentro aleatorio en una pausa interminable. Quizá lo más interesante sea que después de unas horas uno deja de pensar constantemente en la técnica y simplemente acepta que ese es el aspecto de este mundo, que es probablemente el mejor cumplido posible para una dirección artística tan deliberadamente nostálgica.

El combate termina siendo la razón principal por la que la demo funciona tan bien. A primera vista es Final Fantasy de toda la vida, cuatro personajes, comandos, habilidades, magia, objetos, turnos, debilidades elementales y enemigos que aparecen durante la exploración, pero Lancarse introduce suficiente estructura alrededor del stagger para evitar que la solución sea repetir el ataque más fuerte hasta ganar. Encontrar y explotar una debilidad deteriora la defensa del enemigo y, cuando se consigue romperla correctamente, el grupo puede acceder a una fase extra donde la ofensiva se dispara. Un Sweeping Stagger abre además la posibilidad de utilizar Resonances vinculadas a las Visions, y ahí empieza a aparecer la personalidad real del sistema. El juego quiere que pensemos primero en cómo quebrar al rival y después en cómo aprovechar esos segundos de superioridad, de modo que guardar una habilidad potente para el momento correcto suele tener más valor que gastarla apenas está disponible. No es una revolución para el género y cualquiera que haya pasado por Octopath Traveler reconocerá inmediatamente cierta filosofía de romper defensas y explotar ventanas de vulnerabilidad, pero la ejecución es rápida, clara y tiene una respuesta visual excelente. La demo también ofrece opciones suficientes para que el sistema empiece a mostrar profundidad antes de terminar, algo que no siempre ocurre con estos adelantos. En dificultad normal se puede avanzar sin estudiar cada estadística como si fuera un examen, pero subir el nivel obliga bastante más a respetar debilidades, composición y recursos. También se agradece que el juego entienda que un JRPG clásico en 2026 no necesita conservar todas las incomodidades de hace treinta años para demostrar autenticidad. La velocidad de batalla puede ajustarse, los puntos de control son razonables y el ritmo general evita que atravesar una zona se convierta en una penitencia. El resultado es una mezcla mucho más atractiva de lo que parecía en los trailers, vieja escuela en estructura, moderna en ritmo y bastante menos automática de lo que uno podría esperar de un proyecto reconstruido a partir de un título que originalmente nació en móviles.

Las Visions son el elemento que corre mayor riesgo de convertirse en fan service barato y, por ahora, también uno de los que mejor funcionan. Resonance recupera héroes de distintas entregas de Final Fantasy como ecos que pueden equiparse en los miembros del grupo, proporcionando capacidades particulares y modificando de forma importante la manera en que se construye cada personaje. Cloud, Terra, Zidane, el Guerrero de la Luz y otros nombres de la historia de la franquicia no sustituyen al grupo principal ni aparecen simplemente para robar protagonismo durante una cinemática, funcionan como una capa de personalización. Al utilizar una Vision se van aprendiendo capacidades y, una vez dominadas, algunas pueden mantenerse equipadas incluso después de cambiar a otra Vision mientras se respete el límite de coste. Eso permite empezar a mezclar herramientas de diferentes héroes y construir personajes que no quedan completamente encerrados en una clase tradicional. Es una reinterpretación muy inteligente del sistema de jobs, porque conserva esa satisfacción clásica de enseñar nuevas habilidades a un personaje sin obligarnos a elegir un único trabajo permanente. Durante la demo todavía estamos viendo la parte más sencilla de esta estructura y sería absurdo afirmar que ya sabemos cómo se sostendrá durante cincuenta horas, pero incluso con el conjunto limitado disponible se empieza a pensar en combinaciones, en quién debería aprender determinada capacidad y en qué Vision encaja mejor con la función que queremos para cada integrante. Las Resonances añaden otra recompensa, ataques o efectos especiales asociados a estas figuras que pueden desencadenarse después de preparar correctamente al enemigo. Cuando aparecen por primera vez existe el peligro de que todo el juego empiece a depender de reconocer caras famosas, pero la historia de Rain, Lasswell y Fina mantiene suficiente protagonismo para que las Visions se sientan más como herramientas heredadas de la saga que como visitantes VIP permanentes. Hasta Sephiroth existe como desafío asociado a este sistema, una de esas ideas que sobre el papel suenan exactamente a celebración de aniversario y que aquí encajan porque la propia ficción ya ha establecido cómo pueden existir estos ecos.

Lo que más me sorprendió de la demo es que la historia tiene bastante más peso del esperado. Brave Exvius podía resultar fácil de ignorar para quienes nunca tuvieron interés en un RPG móvil, y nombres como Rain o Lasswell obviamente no poseen todavía el reconocimiento inmediato de Cloud, Terra o Tidus para buena parte del público de consola. Resonance parece perfectamente consciente de ello y se toma su tiempo para reconstruirlos como protagonistas desde cero, sin asumir que el jugador conoce nada. La relación entre Rain y Lasswell tiene el tipo de camaradería directa que funcionaba muy bien en los Final Fantasy clásicos, Fina introduce rápidamente un elemento de misterio y Grandshelt sirve como una base reconocible antes de que el conflicto escale. El inicio tampoco tiene miedo de ponerse bastante serio cuando la amenaza de Veritas of the Dark deja de ser una abstracción y empieza a afectar directamente a la gente que rodea al grupo. No voy a entrar en detalles porque esta demo es básicamente el primer capítulo completo y destripar sus mejores momentos anularía parte del sentido de jugarla, pero sí consigue algo importante, cuando termina uno tiene curiosidad por la aventura y no únicamente por desbloquear más personajes históricos. Los diálogos no son extraordinariamente sofisticados y todavía existen algunos intercambios que pertenecen al molde tradicional del JRPG, pero el ritmo evita que el prólogo tarde diez horas en explicar por qué deberíamos preocuparnos. Hay espacio para humor, pequeños desvíos y misiones secundarias, luego la trama vuelve a avanzar. Explorar tampoco es simplemente caminar de un punto narrativo al siguiente. Se pueden encontrar secretos, Visions, enfrentamientos opcionales y contenido que hace que detenerse a mirar alrededor tenga valor, y el primer capítulo es bastante más generoso de lo que su etiqueta de demo sugiere. Si uno se limita a seguir la ruta principal avanza con rapidez, pero quien decida completar las actividades disponibles puede pasar varias horas aquí sin que parezca que está estirando artificialmente un tutorial.

Esa exploración ayuda además a que Resonance recupere una sensación que Final Fantasy había dejado en segundo plano durante bastante tiempo, la del viaje pequeño antes del viaje gigantesco. Hay mapamundi, pueblos, caminos, santuarios y chocobos, y moverse entre ellos vuelve a tener ese sabor de aventura donde una ciudad no necesita tener el tamaño de una metrópolis construida a escala real para parecer un lugar importante. El chocobo puede invocarse para desplazarse más rápido y hay algo extrañamente agradable en cruzar un mapa compacto, ver un destino a la distancia y simplemente dirigirse hacia él mientras entra la música. Es una escala conscientemente artificial, pero también una escala que permite mantener el ritmo. En lugar de invertir diez minutos atravesando una extensión vacía para demostrar que el mundo es enorme, Resonance comprime las distancias y utiliza esa economía para mantener constante la sensación de descubrimiento. La banda sonora hace muchísimo por venderlo. Hay melodías que podrían haber acompañado sin problemas a una entrega de los noventa, pero la producción orquestal y la manera en que entran durante zonas, combates y escenas importantes les da presencia contemporánea. El audio probablemente sea uno de esos elementos que pasarán algo desapercibidos frente al HD-2D y las Visions, pero durante la demo termina siendo una parte fundamental de esa ilusión de estar jugando un Final Fantasy clásico que nunca existió. También es agradable que Resonance no dependa completamente de la nostalgia musical conocida. Hay suficiente identidad propia para que el mundo no parezca construido exclusivamente a partir de recuerdos prestados.

En PlayStation 5 la demo transmite una impresión técnica sólida, aunque tampoco estamos delante de un juego que pretenda poner a prueba el hardware. Su atractivo está en el arte y en la fluidez de la presentación, no en polígonos, trazado de rayos o una densidad imposible de objetos. Los tiempos entre exploración y combate son rápidos, las animaciones se sienten ágiles y la interfaz es fácil de leer incluso cuando comienzan a acumularse opciones. La tienda de PlayStation confirma además una cantidad bastante amplia de funciones de accesibilidad y la posibilidad de jugar completamente offline, que encaja con la naturaleza de este proyecto, un RPG para un jugador que no necesita conservar el ADN de servicio de Brave Exvius. Esto último quizá sea más importante de lo que parece. La transformación de un juego asociado durante años a sistemas móviles y gacha en una aventura cerrada, de precio tradicional y diseñada para terminarse resulta casi refrescante. Aquí las Visions no transmiten la sensación de estar esperando que el jugador abra una cartera virtual, son parte de un sistema de progresión. Ese cambio modifica completamente la manera de recibir personajes familiares. En lugar de preguntarse qué probabilidad existe de conseguir a determinado héroe, la pregunta pasa a ser dónde está, qué desafío habrá que completar y cómo podrá incorporarse a una build. La demo también permite trasladar el archivo de guardado al juego completo, por lo que no existe la sensación de invertir varias horas en contenido que habrá que repetir el 22 de octubre. Hay algunas restricciones de nivel propias del adelanto, pero el capítulo es el mismo que forma parte de la versión final, algo que hace mucho más fácil recomendar probarlo a cualquier persona que tenga incluso una curiosidad moderada.

Lo único que conviene evitar después de jugar esta demo es convertir una primera impresión muy positiva en una valoración definitiva del juego entero. Hay sistemas que apenas empiezan a abrirse, los Espers todavía prometen otra capa importante al incorporarse temporalmente al grupo durante tres turnos antes de ejecutar su ataque final y queda por comprobar si las Visions mantienen una progresión interesante cuando el número de opciones se multiplique. También habrá que ver si el stagger conserva profundidad después de decenas de horas o termina convirtiéndose en una secuencia demasiado predecible de encontrar debilidad, romper defensa y descargar todo durante la fase extra. El contenido secundario anunciado para la versión completa incluye desafíos como Gilgamesh, el Coliseo, la Chamber of Arms y Ultima Weapon, señales de que Square Enix y Lancarse quieren construir suficiente material alrededor de las batallas para que las mejores composiciones tengan realmente dónde ponerse a prueba. La historia tiene también muchísimo terreno por recorrer y la reconstrucción del primer arco de Brave Exvius deberá demostrar que puede sostener una campaña completa sin depender del encanto inicial de redescubrir elementos clásicos. Pero como demostración, Final Fantasy Resonance hace exactamente lo que debería hacer una buena demo, deja suficientes preguntas abiertas sin sembrar demasiadas dudas sobre sus fundamentos. El combate funciona, el sistema de Visions tiene potencial, el HD-2D posee una identidad más cinematográfica de lo esperado y Rain, Lasswell y Fina consiguen sobrevivir a la presencia de décadas de iconos alrededor suyo.

Después del primer capítulo, la sensación más interesante es que Resonance no parece estar intentando demostrar que Final Fantasy debería volver a ser como antes. Tampoco hay una declaración implícita contra los juegos de acción modernos de la saga ni esa nostalgia amarga que convierte cualquier homenaje retro en una comparación permanente con lo que la serie dejó de hacer. Simplemente explora una línea alternativa, qué aspecto tendría hoy un Final Fantasy que hubiese seguido desarrollando el lenguaje de las entregas de 16 bits sin abandonar los combates por turnos, el mapamundi ni los sprites. Y la respuesta que ofrece esta demo es mucho más convincente de lo que podía esperarse de un proyecto basado en Brave Exvius. Hay algo muy cómodo en entrar a un pueblo, revisar tiendas, preparar al grupo, salir al mapa, montar un chocobo, encontrar un santuario y terminar luchando contra una criatura enorme mediante comandos tradicionales, pero esa comodidad nunca llega a sentirse completamente anticuada porque casi todas esas acciones han sido reajustadas para un ritmo moderno. El 22 de octubre determinará si esa sensación aguanta una aventura completa, si la personalización llega a la profundidad que promete y si la historia consigue convertirse en algo más que una excelente recuperación de material que muchos jugadores de consola nunca experimentaron. Por ahora, la demo de PS5 consigue algo mucho más sencillo y quizá más importante, terminar el capítulo y querer inmediatamente que el resto del juego ya estuviera disponible. Para una serie con tantas identidades distintas coexistiendo bajo el mismo nombre, Final Fantasy Resonance parece haber encontrado una propia sorprendentemente rápido.

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